Diwali, también llamada Deepavali o Divali, es una de las fiestas más importantes y populares del hinduismo. Se celebra cada año en la India y en las comunidades de origen indio de todo el mundo, y suele conocerse como la «fiesta de las luces». El nombre Deepavali procede del sánscrito: dipa significa «lámpara» o «luz», y avali, «hilera» o «fila». El término significa, por tanto, «hilera de lámparas».
Diwali simboliza la victoria de la luz sobre la oscuridad, del bien sobre el mal, del conocimiento sobre la ignorancia y de la esperanza sobre la desesperación. Aunque está profundamente arraigada en la tradición hindú, también es celebrada, con significados diferentes, por los jainistas, los sijs y algunas comunidades budistas, lo que la convierte en una celebración religiosa, cultural y social de gran importancia.
Los orígenes de Diwali son antiguos y diversos. La fiesta se inspira en varias leyendas de la mitología india, y su significado varía según las regiones y las tradiciones religiosas.
En gran parte del norte de la India, Diwali conmemora el regreso triunfal del dios Rama a Ayodhya tras catorce años de exilio y su victoria sobre el demonio Ravana, rey de Lanka, tal como se narra en el Ramayana. Según la tradición, los habitantes de Ayodhya iluminaron la ciudad con miles de lámparas de aceite para recibir a Rama, a su esposa Sita y a su hermano Lakshmana. Esa imagen simboliza el triunfo de la justicia, la pureza y la esperanza.
En otras regiones existen tradiciones diferentes. En algunas partes de la India, la fiesta recuerda el regreso de los cinco hermanos Pandava tras su exilio, según el Mahabharata. En el sur del país se celebra la victoria del dios Krishna sobre el demonio Narakasura. En determinadas tradiciones vaisnavas, Diwali también se relaciona con la diosa Lakshmi, símbolo de la prosperidad, y con el dios Vishnu.
Esta diversidad de relatos muestra que Diwali no conmemora un único acontecimiento, sino que reúne distintas tradiciones unidas por un mismo símbolo: la luz que vence a las tinieblas.
La celebración dura generalmente cinco días y sigue el calendario lunar hindú. Tiene lugar durante el mes de Kartika, entre octubre y noviembre.
El primer día, Dhanteras, está dedicado a Lakshmi. Las familias limpian y decoran sus hogares para recibir a la diosa, y es habitual comprar utensilios nuevos o objetos de metal como símbolo de prosperidad.
El segundo día, Naraka Chaturdashi o Choti Diwali, recuerda la derrota del demonio Narakasura e invita a la purificación del cuerpo y del espíritu.
El tercer día constituye el centro de la celebración. Las casas, los templos y las calles se iluminan con lámparas de aceite (diyas), velas y luces decorativas. Las familias rezan a Lakshmi y a Ganesha, intercambian regalos y comparten dulces tradicionales. Para muchos comerciantes hindúes, este día marca además el comienzo del nuevo año contable.
El cuarto día, llamado Govardhan Puja o Annakut, recuerda el episodio en el que Krishna levantó la colina de Govardhan para proteger a los habitantes de Vrindavan de las lluvias enviadas por el dios Indra.
El quinto y último día, Bhai Dooj, celebra el vínculo entre hermanos y hermanas mediante visitas familiares, bendiciones y muestras de afecto.
Diwali es también una fiesta llena de colores, aromas y sonidos. Las casas se decoran con luces y con rangolis, dibujos realizados con polvos de colores, flores o arroz en la entrada de las viviendas para dar la bienvenida a la buena fortuna. Los fuegos artificiales iluminan el cielo, aunque en algunas ciudades su uso se ha reducido en los últimos años por razones medioambientales. Durante la fiesta se preparan numerosos dulces tradicionales, como ladoo, barfi o jalebi.
En los hogares hindúes se encienden lámparas de aceite y se ofrecen oraciones a Lakshmi para pedir prosperidad durante el año que comienza. Más allá del bienestar material, la celebración invita a cultivar la claridad interior, la bondad y la paz.
Para los jainistas, Diwali conmemora el día en que Mahavira, el vigésimo cuarto tirthankara, alcanzó el moksha, es decir, la liberación espiritual. En esta tradición, la fiesta representa sobre todo la iluminación interior.
Para los sijs, Diwali recuerda la liberación del gurú Hargobind en 1619, tras su encarcelamiento por el emperador mogol Jahangir. En esta ocasión, el Templo Dorado de Amritsar se ilumina cada año con miles de lámparas.
En algunas comunidades budistas de Nepal y del norte de la India, especialmente entre los newar, la celebración recibe el nombre de Tihar e incluye rituales dedicados a los animales, la naturaleza y los vínculos familiares.
A lo largo de la historia, Diwali ha tenido una importante dimensión social. Es un momento de reunión familiar, de intercambio de regalos y de fortalecimiento de los lazos comunitarios. Los mercados se llenan de compradores, las escuelas y muchas empresas cierran durante las celebraciones y numerosas ciudades organizan actos públicos.
La diáspora india ha contribuido a difundir la fiesta por todo el mundo. Hoy se celebra ampliamente en países como el Reino Unido, Canadá, Sudáfrica, Mauricio, Singapur, Fiyi o Trinidad y Tobago. En varios de ellos, Diwali es incluso un día festivo oficial.
En el plano espiritual, Diwali recuerda que la luz interior —la verdad, la bondad y el conocimiento— puede vencer a la oscuridad del miedo, la ignorancia y el egoísmo. En el pensamiento hindú, la luz simboliza el atman, el alma eterna, mientras que la oscuridad representa maya, la ilusión que oculta la verdadera naturaleza de la realidad. Encender una lámpara significa, por tanto, despertar esa luz interior y compartirla con los demás.
Hoy, aunque las lámparas tradicionales convivan con luces eléctricas y las celebraciones se adapten a las preocupaciones medioambientales y a la vida urbana, el mensaje de Diwali permanece inalterable: la luz siempre puede vencer a la oscuridad y cada ser humano tiene la capacidad de contribuir a iluminar el mundo.
