Un mes después de los dos potentes terremotos que azotaron el norte de Venezuela el 24 de junio, las comunidades religiosas se mantienen fuertemente movilizadas en favor de las poblaciones damnificadas. Católicos, evangélicos, adventistas, cientólogos, judíos, musulmanes y miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días han desplegado voluntarios, abierto centros de acogida, recolectado donaciones y brindado asistencia material y espiritual a las víctimas.
Los sismos, de magnitud 7,2 y 7,5, se produjeron con apenas unos segundos de diferencia. Afectaron especialmente al estado costero de La Guaira, así como a Caracas y a varias localidades del centro-norte del país. El último balance oficial da cuenta de más de 5200 muertos, 16 740 heridos y cerca de 18 000 personas que han perdido sus viviendas. Más de 23 000 habitantes viven aún en campamentos temporales.
La Iglesia católica se apoyó en su red de parroquias, diócesis u organizaciones caritativas. Según los datos difundidos por Cáritas, alrededor de 10 000 voluntarios vinculados a estructuras católicas participaron en la recepción, clasificación y distribución de alimentos, agua, ropa y productos de higiene. Tan solo en Caracas, más de 6000 personas habrían participado en relevos. Asimismo, se han lanzado campañas de donaciones en el extranjero, en particular por parte de las conferencias episcopales española e italiana, mientras que el Consejo Episcopal Latinoamericano hizo un llamado a los católicos del continente a apoyar la reconstrucción a largo plazo.
Por su parte, los ministros voluntarios de la Iglesia de Scientología establecieron centros de coordinación en Caracas, La Guaira y Valencia. La Iglesia de Scientología, registrada como organización religiosa en Venezuela desde 1999, movilizó a cerca de 400 voluntarios al inicio de la intervención, a los que se sumaron refuerzos procedentes de Colombia, Costa Rica, Brasil, Estados Unidos, Israel, España y otros países.
Su acción se centró en la recolección, clasificación y transporte de alimentos, ropa, medicamentos, productos de higiene y material destinado a los rescatistas. Según Rhaiza Ojeda, responsable de Scientología en Venezuela, a principios del mes de julio se habían recibido unas 20 toneladas de insumos. Los voluntarios también organizaron el traslado de profesionales de la salud, ingenieros y socorristas hacia los sectores más afectados, al tiempo que brindaron apoyo a las familias que esperaban noticias de allegados desaparecidos.
Trabajaron en particular con los Topos, los rescatistas mexicanos especializados en la búsqueda de personas bajo los escombros. La prensa venezolana confirmó su presencia en Macuto y en otros sectores de La Guaira, así como su participación en la logística y en el acompañamiento de los equipos médicos y de rescate.
La actriz cientóloga venezolana Ruddy Rodríguez se sumó a esta movilización. Tras llegar con uniformes, mascarillas y equipo para los voluntarios, participó en la instalación de medios de comunicación, la evaluación de necesidades y el apoyo a los rescatistas. La actriz insistió en el carácter duradero del compromiso: «Esto es solo el comienzo, no se trata de estar un momento e irse». También precisó que la formación de ministro voluntario está abierta a personas que no son cientólogas, siendo el objetivo reunir a todas las voluntades de buena fe en torno a las necesidades inmediatas.
La Iglesia Adventista del Séptimo Día movilizó a 124 socorristas capacitados, entre los que figuran médicos, enfermeros, paramédicos, especialistas en primeros auxilios, mecánicos y electricistas. Alrededor de 300 jóvenes cadetes adventistas participaron en la recolección y embalaje de donaciones. Durante una operación realizada el 11 de julio en Playa Mare, en La Guaira, se distribuyeron más de 1000 cestas de alimentos y 500 kits de higiene, mientras que cerca de 300 personas se beneficiaron de consultas médicas gratuitas.
Otras iglesias evangélicas, en alianza con World Vision, transformaron sus templos en refugios, abrieron comedores comunitarios y censaron a adultos mayores, niños y enfermos que requerían asistencia. Al 17 de julio, World Vision anunciaba haber brindado más de 62 000 servicios humanitarios a 36 720 personas, gracias en particular a estas redes religiosas locales.
La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días anunció una ayuda de 2,8 millones de dólares, que incluye miles de paquetes de alimentos, material médico, refugios temporales y equipos de purificación de agua. La comunidad judía, con el apoyo de la organización humanitaria JDC, abrió dos centros en Caracas a más de 400 personas evacuadas y brindó ayuda más allá de sus propios miembros. Por su parte, Islamic Relief distribuye alimentos, agua potable, colchones, ropa y suministros médicos. Finalmente, los Testigos de Jehová crearon cuatro comités de socorro para asistir a sus fieles y a otras personas afectadas.
Estas iniciativas no reemplazan a los servicios públicos ni a las grandes organizaciones humanitarias. Sin embargo, demuestran la importancia de las comunidades religiosas cuando su presencia local, sus instalaciones, sus voluntarios y sus redes internacionales se ponen al servicio de todos, sin distinción de creencias.
