Cada 1º de agosto, familias y comunidades indígenas del noroeste argentino abren o reabren en la tierra una boca destinada a recibir comida, bebidas, hojas de coca, tabaco y otras ofrendas. La corpachada inicia el mes de la Pachamama, un período de agradecimiento y protección que este fin de semana volverá a ocupar terrenos comunitarios, plazas y espacios culturales de Jujuy y Salta.
Las relaciones rituales con la Pacha tienen antecedentes anteriores a la conquista europea, pero las ceremonias actuales no constituyen una supervivencia intacta del pasado. La persecución colonial de las prácticas calificadas como idolatrías, su convivencia posterior con rezos e imágenes cristianas y los cambios en las economías regionales modificaron sus formas de transmisión. La continuidad de la celebración se produjo mediante adaptaciones, silencios y reelaboraciones, no por la conservación inalterada de un rito original.
La celebración contemporánea reúne, por lo tanto, continuidades y cambios. La elección del 1º de agosto, las modalidades familiares, las ceremonias organizadas por comunidades indígenas y su incorporación a festivales y agendas oficiales pertenecen a procesos históricos relacionados, pero no idénticos. Las celebraciones domésticas y comunitarias conviven actualmente con actos estatales, propuestas escolares y acontecimientos dirigidos al turismo.
Su núcleo territorial se encuentra en el mundo andino y, dentro de la Argentina, tiene particular arraigo en la Puna, la Quebrada de Humahuaca, los valles y otras zonas del noroeste. Las migraciones internas también llevaron las corpachadas a barrios y hogares de diferentes ciudades, incluido el Gran Buenos Aires. La expansión territorial no produjo una celebración homogénea: cada espacio conserva o reelabora sus ofrendas, palabras y formas de participación.
En 2013, la Ley 26.891 declaró a Jujuy Capital Nacional de la Pachamama, estableció el 1.º de agosto como fecha de celebración e incorporó la Fiesta Nacional de la Pachamama al calendario turístico nacional. La norma consolidó la visibilidad pública de una práctica que ya ocupaba un lugar central en la vida religiosa y comunitaria de numerosas poblaciones andinas.
Dar de comer a la Pacha
Las investigaciones etnográficas realizadas en distintas zonas del noroeste argentino muestran que las ofrendas de agosto no responden a un modelo único. En los Valles Calchaquíes, la Puna catamarqueña y las tierras altas de Jujuy aparecen elementos comunes —la apertura de un lugar en el suelo, los convites, los pedidos y el encuentro entre los participantes—, pero cada familia y comunidad organiza la ceremonia de acuerdo con su propia historia. En algunos hogares se vuelve a utilizar el sitio de años anteriores; en Salinas Grandes, además de las ceremonias domésticas y comunitarias, los trabajadores alimentan a la Pacha en los lugares donde extraen la sal.
En las localidades estudiadas en el departamento salteño de Cachi, los preparativos pueden comenzar el día anterior. Se cocinan alimentos para la ofrenda y para la comida que compartirán luego los presentes. Los relatos recogidos por los investigadores recuerdan épocas en las que se reservaban para agosto productos de la propia cosecha, aunque en la actualidad también se incorporan platos comprados y bebidas industrializadas. Estas modificaciones no siguen una dirección uniforme: algunas son aceptadas y otras generan discusiones dentro de las propias familias.
El sentido del convite no se agota en la entrega de objetos. Un estudio clásico realizado en Antofagasta de la Sierra describe a la Pachamama como una entidad tutelar relacionada con los ganados, la fertilidad de los cultivos y los animales silvestres. En los Valles Calchaquíes, las ofrendas aparecen vinculadas con el sustento, la protección y los permisos necesarios para desarrollar distintas actividades. Dar de comer establece y renueva una relación: quienes reciben de la Pacha también asumen la obligación de atenderla.
El lugar de agosto dentro de este calendario tampoco debe generalizarse sin matices. Algunos interlocutores lo describen como un mes de frío, viento y enfermedades, situado entre las celebraciones del solsticio y el comienzo posterior de la siembra. El 1º de agosto conserva un lugar central, pero las ceremonias familiares pueden trasladarse a otra jornada de agosto para reunir a quienes estudian o trabajan lejos de la localidad. La fecha ritual se articula así con las condiciones productivas y con los desplazamientos contemporáneos de las familias.
“Madre Tierra” es la traducción más difundida de Pachamama, aunque el término pacha posee sentidos más amplios en las concepciones andinas y puede involucrar la tierra, el mundo, el tiempo y el espacio. En experiencias documentadas en el noroeste argentino, la Pachamama aparece como una presencia activa, capaz de alimentar y proteger, pero también de exigir permisos, cuidados y obligaciones.
Ceremonias abiertas durante el fin de semana
La agenda del Ministerio de Cultura y Turismo de Jujuy anuncia para este sábado 1º de agosto una ceremonia comunitaria en Huacalera. En San Salvador de Jujuy, el ritual del Parque Xibi Xibi se realizará de 11 a 13, con ofrendas, sahumado y música de copleras. En Volcán, el XXI Festival de la Pachamama y el Tamal comenzará a las 22 y combinará la ceremonia con presentaciones musicales.
Salta también difundió un calendario provincial que se extenderá durante todo agosto. Entre las actividades previstas para el sábado se encuentran la celebración de las 7 en la plaza principal de Cachi; las ceremonias de San Antonio de los Cobres, con un sahumado desde la medianoche y ofrendas desde las 10; y el tributo a la Pachamama con entrega del hilo yoki, programado para las 14.30 en el Mercado Artesanal de la capital salteña.
El domingo 2, Animaná celebrará su Fiesta de la Pachamama a las 10 en el paraje San Antonio. También habrá ofrendas en la plaza Martín Fierro de Campo Quijano y una nueva ceremonia en la Biblioteca Comunitaria Ambrocio Casimiro de Cachi, ambas durante la mañana.
Los actos públicos constituyen la parte más visible de un calendario que continuará durante agosto en casas, corrales, terrenos comunitarios, museos y centros culturales. En algunos sitios se abrirá un nuevo pozo; en otros se reactivará la boca utilizada por una familia o comunidad en años anteriores.
El Día de la Pachamama forma parte de un escenario religioso indígena más amplio, caracterizado por tradiciones vinculadas con los territorios, los ciclos productivos y la memoria comunitaria. ReligActu abordó algunas de esas expresiones en su artículo sobre las espiritualidades indígenas en la Argentina contemporánea.
