El alevismo es una tradición religiosa y espiritual presente principalmente en Turquía, pero también en los Balcanes y entre las diásporas turcas de Europa occidental. Surgida en el seno del islam, se desarrolló progresivamente en Anatolia, la parte asiática de la actual Turquía, entre los siglos XIII y XVI. Hoy se estima que reúne entre 15 y 25 millones de fieles en todo el mundo, la gran mayoría de ellos en Turquía.
El alevismo suele relacionarse con el islam chiita, debido al lugar central que ocupa Alí ibn Abi Tálib, primo y yerno del profeta Mahoma. Los alevíes también conceden una gran importancia a los Doce Imanes, figuras fundamentales del chiismo. Sin embargo, su tradición posee creencias y prácticas que la distinguen claramente tanto del chiismo clásico como del islam sunita.
Los orígenes del alevismo son diversos. Se formó a partir de corrientes populares del chiismo, del sufismo —la dimensión mística del islam— y de tradiciones culturales y religiosas presentes en Anatolia y Asia Central. La figura de Hacı Bektaş Veli (hacia 1209-1271), un místico y pensador de Anatolia, ocupa un lugar especialmente importante. Sus enseñanzas marcaron profundamente la espiritualidad aleví.
El alevismo concede una gran importancia a la dimensión interior de la fe, a la búsqueda espiritual y a la ética. Como ocurre en muchas tradiciones místicas, la relación personal con lo divino y el perfeccionamiento moral suelen considerarse más importantes que la aplicación estrictamente literal de las normas religiosas.
A diferencia de la mayoría de los musulmanes, los alevíes no suelen realizar las cinco oraciones diarias en una mezquita. Sus reuniones religiosas tienen lugar en edificios llamados cemevi («casas de reunión»). En ellas participan conjuntamente hombres y mujeres, una característica que suele destacarse como uno de los rasgos distintivos de esta tradición.
Una de las ceremonias más importantes es el cem, un rito comunitario que combina oraciones, enseñanzas, cantos espirituales y música. Uno de sus momentos más conocidos es el semah, una danza ritual realizada en círculo. La música ocupa un lugar esencial en la transmisión de la fe, especialmente gracias al saz, un laúd tradicional de Anatolia.
Debido a su carácter místico, el alevismo se compara a menudo con las cofradías sufíes. Esta comparación resulta pertinente en algunos aspectos, especialmente por la importancia concedida a la experiencia espiritual, la poesía y la transmisión iniciática. Sin embargo, el alevismo no es simplemente una cofradía. Constituye una tradición religiosa completa, con sus propios ritos, autoridades religiosas y una fuerte identidad comunitaria. Los especialistas suelen destacar su estrecha relación histórica con el bektashismo, una orden sufí que ejerció una gran influencia en el Imperio otomano. Por ello, a veces se habla del conjunto «aleví-bektashí».
La cuestión de si el alevismo constituye una rama del islam o una religión distinta sigue siendo objeto de debate. La mayoría de los especialistas lo considera una tradición surgida del islam y emparentada con el chiismo. Sin embargo, los propios alevíes no comparten una única definición de su identidad religiosa. Algunos se consideran plenamente musulmanes, mientras que otros presentan el alevismo como un camino espiritual autónomo.
Entre las creencias presentes en algunas tradiciones alevíes se encuentra el tenasüh, término que suele traducirse como «transmigración de las almas» o «reencarnación». Según esta concepción, el alma humana no desaparece con la muerte física, sino que continúa su recorrido espiritual a través de diferentes existencias. Asociada a la noción de devriye («ciclo» o «rotación»), esta idea forma parte de una visión del mundo según la cual toda la creación procede de Dios y finalmente regresa a Él. Desde esta perspectiva, la vida terrenal constituye una etapa de un camino orientado al perfeccionamiento moral y espiritual del ser humano. Los poetas místicos alevíes y bektashíes evocaron con frecuencia esta idea de forma simbólica, describiendo las múltiples transformaciones del alma en su viaje hacia la unión con lo divino. No obstante, las interpretaciones varían considerablemente dentro de la comunidad aleví contemporánea. Algunos consideran el tenasüh una creencia tradicional auténtica, heredada de corrientes esotéricas del islam, mientras que otros la interpretan principalmente como una metáfora del desarrollo interior o rechazan su sentido literal. Esta diversidad refleja el carácter poco dogmático del alevismo, donde suele darse mayor importancia a la búsqueda espiritual, la ética y el conocimiento de uno mismo que a la adhesión a un sistema doctrinal uniforme.
La historia del alevismo también ha estado marcada por períodos de marginación. A partir del siglo XVI, las comunidades alevíes fueron con frecuencia vistas con desconfianza por las autoridades del Imperio otomano, mayoritariamente sunitas. Esta situación contribuyó a reforzar su cohesión interna y favoreció una transmisión principalmente oral de sus tradiciones.
En la actualidad, los alevíes constituyen una de las principales minorías religiosas de Turquía. También existen importantes comunidades en Alemania, Francia, Bélgica, los Países Bajos, Austria y, en menor medida, Argentina. El reconocimiento oficial de sus lugares de culto y de su identidad religiosa sigue siendo objeto de debate en varios países, especialmente en Turquía.
El alevismo representa así una tradición original dentro del mundo musulmán, situada en la encrucijada entre el chiismo, el sufismo y las herencias culturales de Anatolia, poniendo el acento en la espiritualidad, la vida comunitaria y la igualdad entre todos los seres humanos.
