El judaísmo masortí (también escrito massorti) es una corriente del judaísmo situada entre el judaísmo ortodoxo y el judaísmo reformista o liberal. La palabra masortí proviene del hebreo masóret, que significa «tradición». Las comunidades masortíes buscan mantener la continuidad con la tradición judía al tiempo que aceptan una cierta evolución de la práctica religiosa.
Esta corriente nació en el siglo XIX, en el contexto de los debates que atravesaban el judaísmo europeo frente a la modernidad. Está especialmente vinculada al movimiento conocido como judaísmo conservador en América del Norte. En muchos países, especialmente en Europa e Israel, se utiliza con mayor frecuencia el término masortí, mientras que en Estados Unidos es más habitual hablar de judaísmo conservador (Conservative Judaism).
Los judíos masortíes consideran que la halajá (la ley religiosa judía) sigue siendo una referencia fundamental para la vida religiosa. Sin embargo, a diferencia del judaísmo ortodoxo, sostienen que la interpretación de esa ley puede evolucionar con el tiempo. Las decisiones religiosas son debatidas por las autoridades rabínicas, teniendo en cuenta tanto los textos tradicionales como las realidades de la sociedad contemporánea.
En la práctica, las comunidades masortíes conservan numerosos elementos tradicionales del culto judío: las oraciones en hebreo, la observancia del Shabat, la celebración de las festividades y la importancia del estudio de los textos sagrados. Al mismo tiempo, pueden introducir algunas adaptaciones. En muchas sinagogas masortíes, por ejemplo, hombres y mujeres participan juntos en los servicios religiosos, y las mujeres pueden ser llamadas a leer la Torá o ejercer como rabinas.
El movimiento masortí concede también una gran importancia al estudio y a la transmisión de la tradición judía. Para ello se han creado institutos de enseñanza y seminarios rabínicos destinados a formar rabinos y dirigentes comunitarios.
Las diferencias con el judaísmo reformista se refieren principalmente al lugar que ocupa la halajá. En el judaísmo reformista, esta no suele considerarse jurídicamente obligatoria, y cada comunidad —e incluso cada individuo— dispone de una amplia libertad para adaptar las prácticas religiosas. Las comunidades masortíes, por el contrario, continúan considerando la halajá como un marco normativo esencial, aunque susceptible de evolución mediante la interpretación rabínica. De este modo, buscan mantener una continuidad más estrecha con la tradición jurídica del judaísmo.
Con respecto al judaísmo ortodoxo, la principal diferencia radica precisamente en la posibilidad de adaptar la ley religiosa. Las autoridades ortodoxas consideran generalmente que la halajá es fija en sus principios fundamentales y que solo puede modificarse de manera muy limitada. Las comunidades masortíes aceptan con mayor facilidad que determinadas normas puedan reinterpretarse para responder a las realidades sociales actuales. Esto se refleja, por ejemplo, en la ordenación de mujeres como rabinas o en una participación más igualitaria de hombres y mujeres en la vida religiosa.
En la actualidad, el judaísmo masortí está presente en numerosos países. Constituye una de las principales corrientes organizadas del judaísmo, especialmente en Estados Unidos, donde reúne una parte importante de la población judía practicante. También existen comunidades activas en Israel, Europa, América Latina y otros lugares.
En Argentina, el judaísmo masortí ocupa un lugar destacado y representa una de las principales expresiones del judaísmo organizado. La comunidad Bet El, fundada en Buenos Aires en 1963 por el rabino Marshall T. Meyer, desempeñó un papel fundamental en el desarrollo del movimiento en el país. Hoy existen varias sinagogas, instituciones educativas y organizaciones masortíes en distintas ciudades argentinas, integradas en la red internacional del Movimiento Masortí.
Por su posición intermedia entre la fidelidad a la tradición y la apertura a los cambios de la sociedad, el movimiento masortí busca ofrecer una forma de vivir el judaísmo en el mundo contemporáneo sin romper con el legado religioso recibido de las generaciones anteriores.
