El jainismo es una de las tradiciones religiosas más antiguas de la India. Surgida en el norte del subcontinente indio varios siglos antes de nuestra era, esta tradición espiritual enseña un camino de purificación del alma basado en la ascética, la disciplina personal y, sobre todo, en la no violencia absoluta hacia todos los seres vivos.
En la actualidad, la gran mayoría de los jainistas vive en la India, aunque también existen comunidades en distintas regiones del mundo como consecuencia de la emigración india. Se estima que el jainismo cuenta con alrededor de seis millones de seguidores.
Una tradición muy antigua
La palabra jainismo proviene del sánscrito jina, que significa «vencedor». Designa a quien ha vencido sus pasiones y apegos para alcanzar la iluminación espiritual. Los fieles son, por tanto, discípulos de esos «vencedores».
Según la tradición jainista, las enseñanzas de esta religión fueron transmitidas por una sucesión de veinticuatro maestros espirituales, llamados tirthankaras, término que significa literalmente «constructores de un vado», es decir, quienes muestran el camino hacia la liberación. El último de ellos fue Mahavira, que habría vivido en el siglo VI a. C. Aunque a menudo se le considera el fundador del jainismo, la tradición sostiene que en realidad reorganizó y revitalizó una doctrina mucho más antigua.
El jainismo se desarrolló aproximadamente en la misma época que el budismo, durante un período de intensa efervescencia religiosa y filosófica en la India.
Una religión sin un Dios creador
El jainismo se distingue por su concepción no teísta del universo. No existe un Dios creador que gobierne el mundo. El universo es considerado eterno y regido por leyes naturales.
La realidad está formada por dos grandes categorías: las almas (jiva), presentes en todos los seres vivos, y los elementos no vivos (ajiva). Cada alma permanece atrapada en el ciclo de los renacimientos, llamado samsara, debido al karma, es decir, a las consecuencias morales de las acciones realizadas.
El objetivo espiritual consiste en purificar el alma para liberarse de ese ciclo y alcanzar el estado de liberación conocido como moksha.
La no violencia como principio fundamental
El valor más conocido del jainismo es la ahimsa, o no violencia. Este principio no se limita a las relaciones entre las personas, sino que se extiende a todas las formas de vida, incluidos los animales, los insectos e incluso los microorganismos.
Por esta razón, los jainistas suelen practicar un vegetarianismo estricto. Algunos adoptan además medidas destinadas a evitar la muerte accidental de pequeños seres vivos, como filtrar el agua antes de beberla o barrer suavemente el suelo delante de ellos al caminar.
La ética jainista se basa en cinco grandes principios:
- la no violencia (ahimsa);
- la verdad (satya);
- la prohibición de robar (asteya);
- el control de los deseos o castidad (brahmacharya);
- el desapego de los bienes materiales (aparigraha).
Estas normas son observadas con especial rigor por los monjes y las monjas, mientras que los fieles laicos las adaptan a la vida cotidiana.
Monjes, fieles y ascetismo
El jainismo concede una enorme importancia a la disciplina personal y al ascetismo. Los monjes y las monjas renuncian a las posesiones materiales y dedican su vida a la meditación, el estudio y la enseñanza.
Los fieles laicos participan en la vida religiosa mediante la oración, los ayunos rituales, la meditación y las peregrinaciones a lugares sagrados. En la práctica, el jainismo se sostiene gracias a la cooperación entre la comunidad monástica y los creyentes que viven en la sociedad.
Las principales ramas del jainismo
A lo largo de su historia, el jainismo se ha dividido en varias tradiciones. Las dos principales son los Digambara («vestidos de cielo» o «vestidos del espacio») y los Śvetāmbara («vestidos de blanco»).
Los Digambara representan la forma más ascética de la tradición. Sus monjes renuncian a toda posesión material y, en algunos casos, practican la desnudez ritual como símbolo de un desapego absoluto del mundo.
Los Śvetāmbara, por su parte, visten una túnica blanca y siguen una disciplina monástica generalmente menos rigurosa. Ambas tradiciones comparten, sin embargo, los mismos principios fundamentales y reconocen las mismas enseñanzas espirituales.
Dentro de estas dos grandes ramas existen además diversas subtradiciones, algunas centradas principalmente en la vida monástica y otras en la práctica religiosa de los fieles laicos.
Una influencia moral duradera
Aunque el número de jainistas es relativamente reducido, el jainismo ha ejercido una influencia considerable sobre la cultura de la India, especialmente por su insistencia en la no violencia y en la compasión hacia todos los seres vivos.
Esta ética ha dejado una profunda huella en el pensamiento religioso indio e inspiró, entre otras figuras, a Mahatma Gandhi, quien reconoció la influencia de los principios jainistas de la no violencia en el desarrollo de su filosofía de la resistencia pacífica.
En la actualidad, el jainismo sigue inspirando, mucho más allá de la comunidad jainista, una reflexión sobre la responsabilidad moral del ser humano hacia todas las formas de vida. También existen pequeños grupos y asociaciones jainistas en diversos países, incluida Argentina, donde la comunidad, aunque reducida, mantiene actividades culturales y religiosas vinculadas a esta antigua tradición espiritual.
