El drusismo es una religión monoteísta nacida en Oriente Próximo a comienzos del siglo XI. Los historiadores consideran generalmente que surgió del ismaelismo, una rama del islam chiita. Sin embargo, los propios drusos no se consideran musulmanes y afirman que el drusismo constituye una religión independiente, con sus propias creencias y su propia identidad.
La religión nació en Egipto durante el reinado del califa fatimí Al-Hákim bi-Amr Allah (985-1021). Uno de sus primeros predicadores fue Muhammad al-Darazi, de origen persa —aunque algunas fuentes lo consideran de origen turco—, cuyo nombre dio origen al término «druso». Sin embargo, los drusos no lo consideran el verdadero fundador de su religión e incluso rechazan varias de sus enseñanzas. Para ellos, el principal organizador de la doctrina fue Hamza ibn Ali ibn Ahmad, filósofo y teólogo persa, considerado el auténtico fundador y el principal profeta del drusismo.
Entre 1017 y 1043, el movimiento aceptó nuevos adeptos. A partir de esa fecha, la comunidad cerró definitivamente la posibilidad de conversión. Desde entonces, no es posible convertirse al drusismo: únicamente son considerados drusos quienes nacen de padre y madre drusos.
En la actualidad, existen algo más de un millón de drusos. La mayoría vive en Líbano, Siria e Israel, aunque también hay comunidades más pequeñas en Jordania y en la diáspora, especialmente en América del Norte, Europa y América Latina.
El drusismo proclama la unidad absoluta de Dios. De hecho, los drusos se llaman a sí mismos al-Muwahhidun, es decir, «los Unitarios» o «los que afirman la unidad de Dios». Aunque su religión incorpora elementos procedentes de diversas tradiciones, insiste en un monoteísmo radical.
Una de sus creencias más características es la reencarnación. Según la doctrina drusa, el alma pasa inmediatamente de un cuerpo a otro en el momento de la muerte. Sin embargo, esta reencarnación solo tiene lugar dentro de la propia comunidad: un druso renace siempre en el seno de una familia drusa.
La religión posee un marcado carácter esotérico. Sus escritos sagrados, conocidos como las Epístolas de la Sabiduría (Rasa’il al-Hikma), solo están plenamente accesibles a los iniciados. La comunidad distingue entre dos grandes grupos: los uqqal («los sabios» o iniciados), que reciben la enseñanza religiosa completa y llevan una vida especialmente austera, y los juhhal («los no iniciados»), que constituyen la gran mayoría de la comunidad. Cualquier druso adulto puede decidir convertirse en iniciado, pero este compromiso es permanente e implica una estricta disciplina moral.
La doctrina drusa integra enseñanzas procedentes de muy diversas tradiciones filosóficas y religiosas. Además de elementos del ismaelismo, incorpora influencias del neoplatonismo, del gnosticismo, de antiguas tradiciones persas y de ciertas corrientes de pensamiento de la India. Los drusos reconocen a numerosas figuras religiosas y filosóficas de la historia. Entre ellas se encuentran Adán, Noé, Abraham, Moisés, Jesús, Mahoma, Jetró (Shuayb) e incluso Buda, considerado uno de los grandes maestros enviados por Dios. No obstante, interpretan estas figuras desde una perspectiva propia y no consideran obligatoria la aplicación de la sharía, la ley islámica.
Los drusos creen asimismo que Al-Hákim permanece oculto y que regresará al final de los tiempos para inaugurar una era de justicia y verdad. Esta expectativa constituye uno de los elementos centrales de su visión escatológica.
La religión drusa insiste en la honestidad, la solidaridad, la lealtad, la moderación y el respeto hacia las demás religiones. Aunque mantiene un fuerte sentido de identidad comunitaria y reserva sus enseñanzas más profundas a los iniciados, promueve la convivencia pacífica con personas de otras creencias.
A lo largo de su historia, los drusos han sufrido numerosas persecuciones debido a que su religión fue considerada herética por diversos poderes políticos y religiosos. A pesar de ello, la comunidad ha conservado su identidad durante casi un milenio gracias a una fuerte cohesión interna y a la transmisión familiar de sus tradiciones.
En la actualidad, el drusismo sigue siendo una de las religiones más singulares de Oriente Próximo. Su combinación de monoteísmo, esoterismo, reencarnación y apertura hacia múltiples tradiciones religiosas lo convierte en un caso prácticamente único dentro de la historia de las religiones.
