
El bektachismo es una tradición espiritual surgida del sufismo, la corriente mística del islam. Su clasificación ha sido objeto de debate entre los especialistas: algunos lo consideran una rama del islam chiita, mientras que otros estiman que, por la originalidad de sus doctrinas y de sus prácticas, constituye una religión distinta. Los propios bektachíes, sin embargo, suelen conceder poca importancia a esta cuestión. Su tradición combina elementos del chiismo y del sunnismo con enseñanzas y prácticas que le son propias.
El movimiento fue fundado en el siglo XIII por el místico Sayyid Hünkar Hacı Bektaş Veli (1209-1271), un sabio venerado por sus seguidores como maestro espiritual. Su enseñanza se difundió primero en Anatolia y, más tarde, en los Balcanes, especialmente durante el Imperio otomano. La orden mantuvo una estrecha relación con los jenízaros, el cuerpo de élite del ejército otomano, hasta la disolución de este en 1826.
En la actualidad, se estima que existen al menos 20 millones de bektachíes en el mundo, aunque la cifra exacta es difícil de determinar. En varios países, algunos fieles prefieren no hacer pública su pertenencia religiosa, ya que el bektachismo es considerado herético por ciertos sectores del islam. La comunidad está presente principalmente en Albania, Turquía, Macedonia del Norte, Kosovo y otras regiones de los Balcanes, así como en diversas diásporas.
Albania ocupa un lugar especial en esta tradición. Tras la prohibición de las órdenes sufíes en Turquía en 1925, la sede mundial del bektachismo se trasladó a Tirana, donde permanece hasta hoy. Según diversas estimaciones, alrededor de un tercio de la población albanesa mantiene vínculos culturales o religiosos con esta tradición, aunque las cifras varían según las fuentes y la forma de medir la pertenencia religiosa.
El bektachismo pone el acento en la purificación interior, la búsqueda de la perfección espiritual y la unión con Dios. Interpreta el yihad principalmente como un combate contra las propias pasiones y debilidades, más que como una lucha exterior. También promueve la tolerancia religiosa, el respeto por la dignidad humana y la convivencia entre personas de diferentes creencias.
Como otras tradiciones sufíes, el bektachismo concede una gran importancia a las prácticas espirituales colectivas. Entre ellas destaca el Semah, una danza ritual acompañada de música y cantos, que simboliza el ascenso espiritual y diversos episodios de la tradición islámica, como la ascensión del profeta Mahoma, la figura de Alí, los doce imanes o el martirio del imán Husáin en Karbalá. En las ceremonias bektachíes, el ritmo suele ser marcado por el tambor. Hombres y mujeres participan juntos en estas celebraciones, una característica poco habitual en muchas otras cofradías islámicas. Las mujeres desempeñan un papel activo en la vida religiosa y algunas han sido reconocidas como autoras de poesía mística.

La autoridad espiritual de la comunidad corresponde actualmente al Dedebaba, considerado el guía mundial de la orden. Desde 2011, esta función la ejerce Baba Mondi, nacido Edmond Brahimaj en Albania en 1959. Fue elegido por un consejo de dirigentes bektachíes y tiene su sede en Tirana.
Como muchas otras comunidades religiosas, los bektachíes sufrieron una dura persecución durante el régimen comunista de Albania, que proclamó al país como el primer Estado oficialmente ateo del mundo en 1967. Sus lugares de culto fueron cerrados y sus actividades prohibidas. A pesar de ello, la tradición sobrevivió de forma clandestina y pudo reorganizarse tras la caída del régimen a comienzos de la década de 1990.
Hoy, el bektachismo sigue siendo una de las principales tradiciones espirituales de los Balcanes. Su énfasis en la experiencia mística, la tolerancia, la igualdad entre hombres y mujeres y el diálogo entre religiones le ha dado una identidad singular dentro del amplio mundo del islam.
