
El bahaísmo es una religión monoteísta nacida en el siglo XIX en Oriente Medio. Se presenta como una religión independiente, distinta del islam, aunque históricamente surgió de él. Tiene su origen en el babismo, movimiento fundado en Persia (actual Irán) en 1844 por el Báb, considerado por los bahá’ís como el precursor de su fe. La figura central de la religión es Bahá’u’lláh (1817-1892), reconocido como su fundador y como el más reciente de una serie de mensajeros divinos que incluye, entre otros, a Abraham, Moisés, Buda, Jesús y Muhammad (Mahoma).
El núcleo de la enseñanza bahá’í se basa en la idea de la unidad: la unidad de Dios, la unidad esencial de las religiones y la unidad de toda la humanidad. El bahaísmo sostiene que las grandes religiones del mundo proceden de una misma fuente divina y representan etapas sucesivas de una revelación progresiva, adaptada a las necesidades de cada época y de cada sociedad.
Entre sus principios más destacados se encuentran la igualdad entre mujeres y hombres, la importancia de la educación universal, la búsqueda independiente de la verdad, la armonía entre ciencia y religión, el rechazo de todas las formas de prejuicio y la promoción de la paz mundial.
El bahaísmo no tiene clero. Su organización se basa en instituciones elegidas democráticamente en los niveles local, nacional e internacional. La institución suprema es la Casa Universal de Justicia, cuya sede se encuentra en Haifa (Israel).
Los textos sagrados comprenden los escritos del Báb, como el Bayán, así como los de Bahá’u’lláh y los de su hijo ‘Abdu’l-Bahá, considerado el intérprete autorizado de las enseñanzas de su padre.
La vida religiosa bahá’í gira en torno a la oración, el estudio de los textos sagrados, la consulta comunitaria y diversas actividades educativas abiertas a toda la sociedad.
Los bahá’ís tienen la obligación de recitar una oración obligatoria cada día. Existen tres versiones (corta, mediana o larga), entre las que cada creyente puede elegir libremente. Además, practican la oración personal y la meditación, sin horarios fijos, aunque el amanecer y el atardecer son considerados momentos especialmente propicios.
Cada año observan un ayuno de diecinueve días, aproximadamente del 2 al 20 de marzo, durante el cual se abstienen de comer y beber desde la salida hasta la puesta del sol. El ayuno está destinado a los adultos sanos y se considera un período de renovación espiritual, autodisciplina y oración. Están exentos los niños, las personas mayores, los enfermos, las mujeres embarazadas o en período de lactancia y quienes se encuentran de viaje.
La vida comunitaria se organiza en torno a una reunión mensual llamada la Fiesta de los Diecinueve Días, que comprende tres partes: un momento de oración, una reunión de consulta sobre los asuntos de la comunidad y un encuentro de convivencia. Esta celebración constituye uno de los pilares de la organización bahá’í local.
No existen servicios religiosos dominicales ni sacerdotes. Las comunidades son administradas por asambleas espirituales elegidas periódicamente. Por ello, la práctica religiosa se expresa sobre todo mediante la participación en la vida comunitaria, la educación y el servicio a los demás.
Los bahá’ís conceden gran importancia a la lectura diaria de las Escrituras y a la reflexión personal. La fe pone el acento en la transformación del carácter —la honestidad, la confiabilidad, la ausencia de prejuicios y el espíritu de servicio— como expresión concreta de la vida espiritual.
La consulta ocupa también un lugar central. Se considera una práctica espiritual mediante la cual las decisiones colectivas deben adoptarse escuchando todas las opiniones, evitando el enfrentamiento partidario y buscando siempre el bien común.
El bahaísmo posee pocos ritos. El más importante es el matrimonio bahá’í, que incluye una fórmula que ambos contrayentes deben pronunciar. Los funerales también siguen determinadas oraciones y disposiciones específicas. En cambio, no existen sacramentos, confesión ni dirección espiritual institucionalizada.
El compromiso con la sociedad forma parte esencial de la práctica bahá’í. Las comunidades organizan actividades educativas para niños y jóvenes, reuniones de oración abiertas a todos y proyectos destinados a fortalecer la cohesión social. La espiritualidad, según las enseñanzas bahá’ís, debe reflejarse en acciones concretas al servicio de la humanidad.
Asimismo, la religión prescribe algunas normas de vida, entre ellas la abstinencia de alcohol y drogas, la valoración del matrimonio y de la vida familiar, la importancia del trabajo —considerado una forma de servicio a la sociedad— y la abstención de participar en actividades políticas partidarias, aunque anima a sus fieles a ser ciudadanos responsables y comprometidos con el bienestar de la sociedad.
Actualmente, el bahaísmo está presente en más de 200 países y territorios. Aunque el número de sus seguidores sigue siendo relativamente reducido a escala mundial —se estima en alrededor de cinco a ocho millones de personas—, es una de las religiones con mayor diversidad geográfica. En Irán, donde nació la fe bahá’í, los bahá’ís constituyen la mayor minoría religiosa no musulmana, pero no son reconocidos oficialmente y continúan sufriendo graves y recurrentes formas de discriminación y persecución.
En Argentina, la comunidad bahá’í está presente desde comienzos del siglo XX y cuenta con asambleas locales en numerosas ciudades. El país alberga uno de los ocho Templos Continentales Bahá’ís del mundo, situado en La Plata, inaugurado en 1981 y abierto a todas las personas, cualquiera sea su religión o convicción.
