La Asunción de la Virgen María es una de las principales fiestas del calendario litúrgico católico. Se celebra cada año el 15 de agosto y conmemora la creencia de que María, madre de Jesús, fue elevada al cielo en cuerpo y alma al final de su vida terrena. Para los católicos, representa el primer ser humano que participa plenamente de la gloria celestial después de Cristo y constituye un signo de la esperanza de la resurrección prometida a todos los creyentes.
Aunque los Evangelios no relatan el final de la vida de María, esta tradición se remonta a los primeros siglos del cristianismo. Ya era celebrada por las comunidades cristianas de Oriente antes de difundirse progresivamente por toda la Iglesia. En Francia, la Asunción adquirió una importancia particular cuando el rey Luis XIII consagró el reino a la Virgen María en 1638 e instituyó el 15 de agosto como fiesta nacional.
El 1 de noviembre de 1950, el papa Pío XII proclamó solemnemente la Asunción como dogma de la Iglesia católica mediante la constitución apostólica Munificentissimus Deus. El texto afirma que María, «terminado el curso de su vida terrena», fue asumida en cuerpo y alma a la gloria celestial. La definición dogmática no precisa si María murió antes de su Asunción, dejando esta cuestión abierta a la tradición teológica.
Las Iglesias ortodoxas celebran ese mismo acontecimiento, pero lo denominan Dormición de la Virgen (Koímesis). Según esta tradición, María murió de manera natural y apacible antes de ser glorificada por Dios. La diferencia entre ambas tradiciones reside sobre todo en el énfasis puesto en la muerte de María: mientras la Iglesia católica no se pronuncia de forma definitiva sobre este punto, la tradición ortodoxa afirma explícitamente su muerte antes de su glorificación.
La Asunción no debe confundirse con la Ascensión. La Ascensión se refiere al momento en que Jesucristo, cuarenta días después de su resurrección, asciende al cielo por su propio poder divino. La Asunción, en cambio, indica que María es llevada al cielo por Dios. Esta diferencia también aparece en el origen de las palabras: asunción proviene del latín assumere, «tomar consigo», mientras que ascensión procede de ascendere, «subir».
En muchos países de tradición católica, la fiesta de la Asunción se celebra con misas solemnes, procesiones marianas, peregrinaciones y actos de devoción dedicados a la Virgen María. Lugares de peregrinación como Lourdes, en Francia, reúnen cada año a miles de fieles con motivo de esta celebración.
Para los cristianos católicos, la Asunción expresa la esperanza de que la muerte no es el final de la existencia y de que toda persona está llamada a compartir un día la vida eterna junto a Dios. María aparece así como un modelo de fe y de fidelidad, y como un signo de la promesa de salvación ofrecida a toda la humanidad.
