El agnosticismo es una postura filosófica según la cual el ser humano no puede saber con certeza si Dios, una divinidad o cualquier realidad trascendente existen o no. En lugar de afirmar o negar la existencia de Dios, el agnosticismo sostiene que esta cuestión es desconocida o, incluso, imposible de conocer.
El término agnosticismo fue creado en 1869 por el biólogo británico Thomas Henry Huxley. Procede del griego agnôstos, que significa «desconocido» o «incognoscible». La palabra se forma con el prefijo privativo a- («sin») y gnôsis («conocimiento»). El agnosticismo expresa, por tanto, la idea de que el ser humano carece de un conocimiento seguro sobre las realidades que trascienden la experiencia.
El agnosticismo no constituye una religión ni una doctrina con creencias obligatorias. Es, sobre todo, una actitud intelectual que invita a reconocer los límites del conocimiento humano. Los agnósticos consideran que las cuestiones relativas a Dios, al origen último del universo o al destino final del ser humano no pueden resolverse de manera definitiva mediante la razón, la experiencia o las pruebas disponibles.
Esta posición se distingue claramente del ateísmo. El ateo afirma que Dios no existe o considera que no hay razones suficientes para creer en su existencia. El agnóstico, en cambio, no adopta ninguna de estas dos afirmaciones: sostiene que no dispone de elementos suficientes para concluir si Dios existe o no. Del mismo modo, el agnosticismo se diferencia del teísmo, que afirma la existencia de Dios sobre la base de la fe, la revelación o determinados razonamientos filosóficos.
Existen diversas formas de agnosticismo. Algunos agnósticos consideran que, con los conocimientos actuales, no es posible responder a la cuestión de Dios, aunque no excluyen que la ciencia o la filosofía puedan aportar respuestas en el futuro. Otros sostienen que las realidades trascendentes son, por naturaleza, inaccesibles al conocimiento humano y que nunca podrán demostrarse ni refutarse de forma concluyente.
El agnosticismo suele adoptar una actitud crítica frente a las afirmaciones metafísicas o religiosas que presentan certezas absolutas. No necesariamente rechaza la espiritualidad o la religión, pero considera que ninguna de ellas puede demostrar objetivamente la verdad de sus creencias. Por ello, algunas personas agnósticas participan en prácticas religiosas por razones culturales o personales, mientras que otras permanecen completamente alejadas de cualquier tradición religiosa.
A lo largo de la historia, numerosos filósofos y científicos han defendido posiciones cercanas al agnosticismo. Además de Thomas Henry Huxley, suelen citarse pensadores como Bertrand Russell, quien afirmaba que, filosóficamente, era agnóstico aunque en la práctica se considerara muy próximo al ateísmo. Otros autores han preferido describirse simplemente como personas abiertas a la duda y a la búsqueda, sin adherirse a ninguna certeza religiosa.
En la actualidad, el agnosticismo es una de las posturas más extendidas en sociedades donde la libertad de conciencia permite expresar tanto la fe como la ausencia de convicciones religiosas. Muchas personas que se definen como agnósticas consideran que la pregunta sobre Dios permanece abierta o carece de una respuesta demostrable.
En definitiva, el agnosticismo no afirma que Dios exista ni que no exista. Sostiene que el ser humano no dispone, o quizá nunca dispondrá, de los medios necesarios para responder con certeza a esa cuestión. Para los agnósticos, reconocer los límites del conocimiento puede ser, en sí mismo, una forma de honestidad intelectual.
