El adventismo es un movimiento cristiano protestante nacido en el siglo XIX en Estados Unidos, en el contexto del Segundo Gran Despertar (Second Great Awakening), un importante movimiento de renovación religiosa. Su nombre proviene del latín adventus, que significa «venida», y hace referencia a la segunda venida de Jesucristo, considerada el centro de su esperanza y de su enseñanza. Los adventistas creen que Cristo regresará al final de los tiempos y ponen un fuerte énfasis en prepararse espiritualmente para ese acontecimiento.
El origen del movimiento se encuentra en la predicación de William Miller (1782-1849), un agricultor y predicador bautista autodidacta. Tras estudiar intensamente la Biblia, especialmente el libro de Daniel, Miller llegó a la conclusión de que el regreso de Cristo tendría lugar entre 1843 y 1844. Miles de personas aceptaron su interpretación y esperaron ese acontecimiento. Sin embargo, la fecha pasó sin que la profecía se cumpliera. Este episodio, conocido como el Gran Chasco (Great Disappointment) de 1844, provocó la disolución del movimiento original y dio lugar a diversas ramas adventistas.
Después de este fracaso, la mayoría de los grupos adventistas abandonaron la idea de fijar una fecha para el regreso de Cristo. Mantuvieron, sin embargo, la convicción de que su venida sería próxima y que los cristianos debían vivir preparados mediante una vida de fe, obediencia y esperanza.
Con el tiempo surgieron varias iglesias adventistas. La más importante y numerosa es la Iglesia Adventista del Séptimo Día, organizada oficialmente en 1863. Su nombre hace referencia a la observancia del sábado como día de descanso y culto, siguiendo el cuarto mandamiento del Antiguo Testamento. Los adventistas del séptimo día consideran que el sábado, desde la puesta del sol del viernes hasta la del sábado, sigue siendo el día establecido por Dios para el descanso y la adoración.
Una figura central en el desarrollo de esta iglesia fue Ellen Gould Harmon White (1827-1915). Desde muy joven afirmó haber recibido numerosas visiones y mensajes espirituales. Los adventistas del séptimo día consideran que ejerció el don de profecía, mencionado en el Nuevo Testamento, y que sus escritos constituyen una ayuda inspirada para comprender y aplicar las enseñanzas de la Biblia. No los consideran un sustituto de la Biblia ni un nuevo libro sagrado, sino una guía autorizada que orienta a los creyentes hacia las Escrituras.
La propia Ellen White escribió:
«Por medio de su Espíritu Santo, Dios nos ha advertido e instruido constantemente para fortalecer la fe de los creyentes en el Espíritu de Profecía. La orden se ha repetido varias veces: “Escribe las cosas que te he dado para confirmar la fe de mi pueblo en las posiciones que ha adoptado”. El paso del tiempo y las pruebas, lejos de invalidar las instrucciones dadas, han confirmado la veracidad del testimonio. Las instrucciones dadas en los primeros días del mensaje deben considerarse tan seguras para seguir hoy como entonces.»
(Mensajes Selectos, tomo 1, p. 46).
Las principales creencias adventistas incluyen la autoridad de la Biblia, la salvación por la fe en Jesucristo, la esperanza en su segunda venida, la resurrección de los muertos y el juicio final. También conceden gran importancia a un estilo de vida saludable. Muchos adventistas siguen una alimentación vegetariana o evitan el alcohol, el tabaco y otras sustancias consideradas perjudiciales para la salud. La Iglesia Adventista del Séptimo Día dirige además una extensa red internacional de hospitales, universidades y escuelas.
En la actualidad, la Iglesia Adventista del Séptimo Día está presente en más de 200 países y reúne a más de 23 millones de miembros bautizados. Otras ramas adventistas, como la Iglesia Cristiana Adventista o la Iglesia de Dios (Séptimo Día), son mucho más pequeñas. A pesar de sus diferencias, todos los movimientos adventistas comparten la convicción de que la historia humana se dirige hacia el regreso de Cristo y que los creyentes están llamados a vivir preparados para ese acontecimiento.
