
El Vaticano acogió los días 23 y 24 de junio de 2026 en Roma un encuentro interreligioso dedicado a las relaciones entre los cristianos y las tradiciones dhármicas en Europa. Titulada «Budistas, cristianos, hindúes, jainistas y sijs en Europa: construir la fraternidad mediante el diálogo y la colaboración», la conferencia se celebró en la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino, más conocida como el Angelicum. Según el comunicado publicado por el Dicasterio para el Diálogo Interreligioso, reunió a líderes religiosos, académicos, investigadores y representantes del cristianismo, el budismo, el hinduismo, el jainismo y el sijismo.
La reunión forma parte de una serie de iniciativas de la Santa Sede destinadas a reforzar el diálogo con tradiciones religiosas que hoy están sólidamente implantadas en las sociedades europeas, pero que siguen siendo a menudo menos visibles que las grandes familias cristiana, judía y musulmana en los mecanismos institucionales de diálogo interreligioso. La elección de Roma y del Angelicum no fue casual: situó el encuentro en un entorno universitario católico, al tiempo que le otorgó una dimensión europea y no exclusivamente italiana.
Según el Consejo Mundial de Iglesias, la conferencia fue convocada por el Dicasterio para el Diálogo Interreligioso y organizada junto con varios socios, entre ellos el Institute for Interreligious Relations del Angelicum, la Sección para el Diálogo Interreligioso del Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa, el Hindu Forum of Europe, la European Buddhist Union, el Institute of Jainology de Londres, la Sikhi Sewa Society, el Movimiento de los Focolares y la Oficina de Diálogo Interreligioso y Cooperación del Consejo Mundial de Iglesias.
La diversidad de organizadores ofrece una indicación importante sobre el objetivo del encuentro. No se trató únicamente de un ejercicio diplomático del Vaticano, sino de un intento de reunir en torno a una misma mesa a actores religiosos ya comprometidos con el diálogo interreligioso en Europa. El Consejo Mundial de Iglesias señala que los debates se centraron en las transformaciones de las sociedades europeas: pluralismo religioso, migraciones, globalización, secularización, evolución demográfica y el creciente número de personas sin afiliación religiosa.
En su comunicado, el Dicasterio para el Diálogo Interreligioso insiste en la «escucha mutua», el «aprendizaje» y el «enriquecimiento» entre los participantes. El texto es breve y prudente, siguiendo el estilo habitual de la diplomacia vaticana, pero afirma que los asistentes reconocieron el papel de la fraternidad como fundamento de comunidades pacíficas y cohesionadas. También subrayaron que los creyentes, permaneciendo firmemente arraigados en sus respectivas tradiciones, comparten la responsabilidad de promover la paz, la armonía y el bienestar de todos.
El cardenal George Jacob Koovakad, prefecto del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso, inauguró la conferencia. Presentó la fraternidad no como una idea abstracta o ingenua, sino como una exigencia concreta en un mundo marcado por las guerras, la violencia, la discriminación y las divisiones. También situó el encuentro en la herencia del «espíritu de Asís», con vistas al cuadragésimo aniversario de la Jornada Mundial de Oración por la Paz convocada por san Juan Pablo II en 1986.
Esa herencia de Asís sigue siendo central en la manera en que la Iglesia católica concibe el diálogo interreligioso contemporáneo. Desde esta perspectiva, no se trata de borrar las diferencias doctrinales ni de reducir las religiones a un humanismo común e indiferenciado. La lógica que se propone es la de una cooperación concreta entre tradiciones religiosas distintas, cada una conservando su propia identidad, pero aceptando actuar junto a las demás en cuestiones compartidas: la paz civil, la dignidad humana, la cohesión social y el rechazo de las dinámicas de odio.
La dimensión europea confiere a este encuentro un carácter particular. El budismo, el hinduismo, el jainismo y el sijismo ya no son realidades marginales en Europa, aunque su visibilidad varía considerablemente de un país a otro. Algunas comunidades proceden de migraciones antiguas o recientes; otras se han desarrollado mediante conversiones, transmisión cultural o interés espiritual. Su presencia plantea interrogantes sobre los modelos europeos de reconocimiento religioso, históricamente construidos en torno al cristianismo y posteriormente adaptados de manera progresiva al judaísmo y al islam.
La participación de organizaciones como la European Buddhist Union, el Hindu Forum of Europe, el Institute of Jainology y la Sikhi Sewa Society demuestra que estas tradiciones también buscan estructurar su presencia en el espacio público europeo. La European Buddhist Union había anunciado la conferencia como un importante encuentro que reuniría en Roma a budistas, cristianos, hindúes, jainistas y sijs, con intervenciones en italiano e inglés y servicio de interpretación. El Institute of Jainology de Londres también presentó su participación como una oportunidad para reforzar el entendimiento mutuo y explorar formas concretas de colaboración.
Hasta el momento, el encuentro de Roma no parece haber dado lugar a una declaración final detallada. El comunicado del Vaticano habla de un compromiso renovado para promover una «cultura del encuentro» y de la colaboración en favor del bien común. Puede parecer poco para quienes esperaban decisiones concretas. Sin embargo, la importancia del acontecimiento quizá resida en otro aspecto: el reconocimiento institucional de un diálogo multilateral entre el cristianismo y las tradiciones dhármicas a escala europea.
La conferencia representa así un paso más en la ampliación del diálogo interreligioso en Europa. Recuerda que el pluralismo religioso europeo ya no se limita a las relaciones entre las Iglesias cristianas, el judaísmo y el islam. Las tradiciones budistas, hindúes, jainistas y sijs también participan en la recomposición del panorama religioso del continente. En Roma, el Vaticano y sus socios optaron por incorporarlas no como objetos de estudio, sino como interlocutores en una reflexión común sobre la fraternidad, la paz social y el lugar de las religiones en la Europa contemporánea.
