El viernes 1.º de mayo, el Ayuntamiento de Barcelona fue escenario de un encuentro interreligioso organizado conjuntamente por el gobierno de la ciudad y la Generalitat de Cataluña, dos instituciones que desde hace años mantienen un firme compromiso con el diálogo intercultural e interreligioso.
Bajo el título «Tierra sagrada, humanidad común: los caminos de la paz en tiempos de sufrimiento», el acto consistió en una recepción oficial en honor de United Religions Initiative (URI), la mayor red mundial de cooperación interreligiosa, que celebró esa semana en Barcelona su Asamblea Europea.
Los discursos de apertura estuvieron a cargo de Ramon Bassas, director de Asuntos Religiosos de la Generalitat de Cataluña; Richard Sánchez Jiménez, comisionado de Diversidad Cultural y Religiosa del Ayuntamiento de Barcelona; y Eric Roux, presidente del Consejo Global de URI.

A continuación se desarrolló una mesa redonda moderada por Elisabeth Lheure, galardonada con el Premio Cassià Just Memorial, otorgado por la Generalitat de Cataluña, y distinguida desde 2009 como Caballero de la Orden Nacional del Mérito de Francia. Integrante de la comunidad bahá’í, participó en representación de AUDIR, la Asociación UNESCO para el Diálogo Interreligioso, miembro de URI.

Tras el encuentro, los participantes fueron invitados a visitar la Basílica de la Sagrada Familia, en una actividad organizada por el Grupo de Trabajo Estable de Religiones (GTER) de Cataluña.
En la basílica fueron recibidos con un mensaje del Dr. Joan Hernández-Serret, director del GTER, delegado diocesano para las relaciones interconfesionales de la Iglesia católica, ex secretario general de Religions for Peace Europe y actual secretario general de Religions for Peace España.
Dirigiéndose a los representantes de URI, Hernández-Serret comenzó recordando que, más allá de sus responsabilidades institucionales, hablaba «como compañero de camino». Subrayó el significado simbólico de la Sagrada Familia, concebida por Antoni Gaudí desde una inspiración profundamente católica, pero abierta a toda la humanidad.
«Este no es un espacio reservado a los católicos», afirmó. «Es un lugar para conocer a Dios, para vivir la espiritualidad a través de la experiencia. Aquí la luz, la piedra y el silencio hablan un lenguaje que todos pueden comprender».
El responsable del GTER recordó que esta plataforma nació en 2004, poco después de la celebración del IV Parlamento de las Religiones del Mundo, y explicó que, desde entonces, su misión ha consistido en reunir a las instituciones religiosas oficiales para promover la cooperación a través de una «pedagogía de la acción y de la experiencia compartida».
Por ese motivo, explicó, la presidencia del GTER es rotativa. «Lo importante no es quién preside la organización, sino cómo logramos que personas de distintas religiones —especialmente aquellas que todavía no participan en el diálogo— puedan encontrarse, compartir y trabajar juntas al servicio de los más vulnerables de nuestra ciudad».
Estableciendo un paralelismo entre la Sagrada Familia y el GTER, Hernández-Serret afirmó que, así como la basílica invita a descubrir la espiritualidad mediante la experiencia, el Grupo de Trabajo Estable de Religiones busca ofrecer un espacio donde el diálogo interreligioso también pueda experimentarse directamente, sin intermediarios, a partir del deseo compartido de caminar juntos.
Antes de concluir, invitó a los presentes a contemplar el interior del templo, la luz filtrándose a través de los vitrales y las personas reunidas en aquel espacio, animándolos a conservar esa experiencia como una huella para el futuro.
«Hoy, en todo el mundo, ha llegado el momento de ir más allá del «nosotros» y el «ellos»», afirmó. «No se trata de mi pueblo o del tuyo. Se trata simplemente de ser. De ser plenamente lo que cada uno es y, desde esa verdad, convertirse en una luz para un mundo que necesita personas abiertas y comprometidas con aquello que son».
Concluyó agradeciendo la presencia de los participantes y animándolos a seguir caminando juntos: «Gracias por estar aquí. Gracias por caminar juntos. Gracias por dejar un eco de esperanza».

